La inversión en materias primas y sus consecuencias

Uno de nuestros principios de inversión socialmente responsable establece que ROBUST no invierte en ningún tipo de derivados sobre materias primas, porque consideramos que la especulación con materias primas de primera necesidad, aunque necesaria en cierta medida, tiene unas consecuencias negativas para la población mundial.

En las próximas líneas desarrollamos esta problemática así como las razones por las que rechazamos esta inversión.

Según las últimas estadísticas de la FAO – Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación – actualmente 868 millones de personas sufren desnutrición en el mundo (1 de cada 8). Asia y América Latina han reducido el número de personas en esta situación en los últimos años, pero en África sub-sahariana sigue aumentando y la situación es dramática.

Muchos países africanos dependen de la importación de alimentos (casi todos son importadores netos de cereales) y por lo tanto de los precios de éstos en los mercados internacionales. En estos países el 80% de la renta de las familias va destinada a la adquisición de alimentos (frente al 13% que destinan las familias estadounidenses), por lo que son muy sensibles a incrementos en los precios de los alimentos.

Entre enero de 2005 y junio de 2008, los precios de los alimentos crecieron un 83%: los precios del maíz casi se triplicaron, los del trigo aumentaron en un 127% y los del arroz un 170% (fuente: documento UNCTAD – Conferencia de las Naciones Unidas para el comercio y desarrollo. Según una estimación del Banco Mundial, como consecuencia de este aumento el número de víctimas de pobreza extrema aumentó entre 130 y 150 millones de personas.

Durante mucho tiempo se mantuvo un debate sobre las causas de estos acontecimientos. Un punto de vista atribuía estos incrementos a aspectos fundamentales del mercado, tales como la oferta y la demanda de alimentos básicos o los costes de transporte, almacenamiento y productos agrícolas. También se hablaba del cambio climático y la escasez de agua, del crecimiento de los biocombustibles y del incremento en el consumo de carne en China e India.

El Relator Especial de las Naciones Unidas para el Derecho de la Alimentación Olivier de Schutter examinó la volatilidad de los precios de los productos alimentarios durante el periodo referido para concluir que, si bien todas estas razones habían influido en un origen, la mayor parte de la escalada de precios se debió fundamentalmente a la aparición de una burbuja especulativa provocada por la entrada en el mercado de derivados financieros basados en productos alimentarios. A finales del 2010 elaboró esta nota informativa donde explica los peligros de la especulación con productos alimentarios básicos y el papel que juegan los grandes inversores institucionales. También ofrece una serie de recomendaciones al respecto.

El Parlamento Europeo en la Resolución del 18 de enero de 2011 reconoció (punto 26) que los movimientos especulativos son responsables del 50% de los recientes aumentos de precios de los productos alimentarios respaldando explícitamente las conclusiones del informe de Olivier de Schutter . También instó (punto 29) a las autoridades reguladoras a que limiten la especulación restringiendo su negociación a las partes vinculadas con la producción agrícola y a operadores con interés de cobertura.

Entonces, si ya hemos identificado el problema, ¿por qué no acabar con él? ¿Por qué no impedir cualquier tipo de especulación?

Una de las principales razones es que la especulación es en parte necesaria y útil para los mercados: los dota de liquidez, distribuye los riesgos y ajusta los precios de forma rápida eliminando el arbitraje. La especulación en los mercados de materias primas ha existido siempre, es parte del funcionamiento básico del mercado y se utiliza como cobertura ante posibles oscilaciones en el precio.

A continuación lo ilustraremos con un ejemplo:

Imaginemos un agricultor que produce trigo y un panadero que compra ese trigo para hacer pan. El agricultor sabe el precio de hoy, pero desconoce el precio futuro en el momento de la cosecha. Puede ser que ante un exceso de oferta el precio caiga o, por el contrario, que ante malas cosechas, éste aumente. Esta situación le preocupa al agricultor, no sabe si comprar más semillas, productos agrícolas o incluso renovar sus bienes de equipo porque, si el precio del trigo baja, puede tener serias pérdidas. Esta misma incertidumbre le afecta al panadero, pero a la inversa. Como los riesgos son complementarios, ambos pueden protegerse con un contrato de futuros sobre el trigo mediante el cual el agricultor se compromete a entregar una cantidad futura al precio de hoy, de forma que las dos partes quedan aseguradas ante el riesgo de oscilación del precio del trigo.

De esta forma, el agricultor (o los productores en general) limita sus riesgos, quienes negocian los futuros proporcionan liquidez al mercado y el panadero (o compradores en general) cubre su demanda. Tradicionalmente en este mercado podían participar sobre todo actores directamente implicados en la industria agroalimentaria. Los bancos tenían en él un papel pequeño.

Así pues parece que el problema no es la especulación en sí, sino la entrada en el mercado de numerosos agentes financieros de todo el mundo. Tras la aprobación de la Ley de modernización de futuros de materias primas en el año 2000¹ en Estados Unidos, los mercados de derivados de productos alimentarios y los índices de materias primas comenzaron a ver una entrada en masa de inversores no tradicionales. Se calcula que entre 2002 y 2008, la inversión en estos productos financieros se multiplicó por 5 y el precio de los mismos comenzó su escalda. Según el mencionado informe de Olivier de Schutter, el valor de los derivados de materias primas pasó de 0,77 billones de dólares en 2002, hasta más de 7,5 billones de dólares en junio de 2007. Estos inversores institucionales utilizaban la inversión en materias primas para diversificar sus carteras equilibrando la inversión en acciones o bonos con inversiones en mercados con un comportamiento independiente como los alimentos.

Desde ROBUST consideramos que este asunto requiere una rápida actuación política que exija más transparencia en estos mercados y reglas más estrictas para sus participantes. Adicionalmente, una posible solución que como señala Olivier de Schutter en sus recomendaciones (página 8) y que posteriormente apoyó el Parlamento Europeo, es restringir el acceso a los mercados de derivados de materias primas a los operadores y agentes especializados excluyendo así a los operadores meramente financieros. Por este motivo ROBUST no invierte en derivados sobre productos alimentarios ni sobre índice sobre materias primas en general ni cualquier tipo de producto relacionado que pueda tener un impacto similar.

En este sentido, reiteramos la importancia de que el ahorrador sepa dónde tiene invertido su capital para poder determinar el impacto del mismo en aspectos como el que explicamos. Creemos que los ahorradores tenemos capacidad para influir en los cambios que se deben realizar para lograr un crecimiento más sostenible.

Nota:
¹Los instrumentos derivados extrabursátiles u OTC quedaron exentos de la supervisión de la Comisión de Contratación de Futuros de Mercancías de los Estados Unidos (CFTC)

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