Por un salario digno

Tragedias como las sucedidas recientemente en Bangladesh y Camboya han vuelto a poner la industria textil en el foco de atención. Los salarios y las condiciones laborales en las fábricas de esta industria distan mucho de unos estándares dignos.

En los años 70 las grandes marcas, que hasta el momento producían su propia ropa, iniciaron un proceso de deslocalización de la producción a países empobrecidos con el fin de abaratar los costes. A diferencia de otros procesos industriales, la industria de corte y confección no requiere grandes inversiones en maquinaria y el proceso de formación es más corto.

Así hoy la mayor parte de la producción mundial se lleva a cabo en centros de Sri Lanka, India, Filipinas, Bangladesh, Tailandia, Camboya, China, Vietnam, Laos, Birmania, Turquía, Túnez, Marruecos y recientemente también Botsuana, Kenia, Tanzania, Uganda, etc. En la mayoría de estos países se han fijado unos salarios mínimos por debajo de los niveles de subsistencia con el fin de atraer la inversión extranjera. En algunos países, éstos no alcanzan ni si quiera los umbrales de pobreza absoluta (en Bangladesh se sitúa por debajo de los 2 usd diarios y en la India, Sri Lanka, Vietnam, Pakistan y Camboya no llega a 4) y tampoco aumentan al mismo ritmo que los precios de los productos básicos. Las presiones por parte de las marcas para reducir plazos de entrega y abaratar los costes de producción se traducen también en jornadas de 11 o 12 horas diarias y en una extrema precariedad de los centros de producción. Por lo general, los derechos de los trabajadores también son muy limitados: no tienen derecho a la afiliación, ni estabilidad en el empleo ni igualdad de género.

En ocasiones se utiliza el argumento de que las fábricas y talleres de confección generan puestos de trabajo y que el sector textil puede significar un primer paso hacia una industrialización más pesada como ya sucediera en Europa. Sin embargo la situación es muy distinta, estos países empobrecidos no controlan todo el proceso de producción y sólo se encargan de la parte con menor valor añadido, se mueven en un sistema de acuerdos internacionales en los que son la parte más débil y la escasa acción sindical se enfrenta constantemente a la amenaza de deslocalización por parte de la empresa.

Ante esta situación han surgido movimientos como La Campaña Ropa Limpia (CCC, por sus siglas en inglés), que es una red internacional de ONGs, sindicatos y organizaciones de personas consumidoras que, desde principios de los 90 denuncian las duras condiciones laborales de los obreros de la confección y luchan por un salario digno. Aquí en España, la Campaña Ropa Limpia está en marcha desde 1997 liderada por la Federación de ONGs SETEM.

Una de las iniciativas que están llevando a cabo bajo el nombre de ‘Tejiendo salarios dignos en el mundo’ se resume en este interesantísimo documento que describe claramente la problemática de los salarios de pobreza en la industria de confección mundial, sus causas y su campaña de ‘Un salario digno en Asia (ASW por sus siglas en inglés, Asia Floor Wage) iniciada en 2009.

El objetivo es calcular un salario mínimo vital en 6 países asiáticos productores de ropa y utilizarlos como indicadores para la implementación de Salarios Dignos en el resto de países asiáticos.

Para el cálculo del salario mínimo vital se establecieron las siguientes bases de cálculo:

• El coste de la comida se basa en un aporte de calorías estándar (3.000 por adulto) por unidad de consumo.
• El ratio entre coste de los alimentos y otras necesidades básicas (ropa, alojamiento, artículos de primera necesidad, salud, educación y ahorros (10%) es de 1:1.
• El salario debería cubrir a una familia estándar de 2 adultos y 2 niños que representan 3 unidades de consumo.
• Límite de la semana laboral máxima = 48 horas.

A continuación realizaron los cálculos en cada país para una cesta de compra de 3.000 calorías, los multiplicaron por 3 unidades de consumo y por 30 días para llegar a un coste mensual. Por último los duplicaron para atender también las necesidades básicas no alimentarias.

Los datos que obtuvieron con el cálculo se muestran a continuación:

Vemos como en todos los casos el salario mínimo legal está muy por debajo del salario mínimo vital que se considera digno.

Cabe destacar que los cálculos fueron realizados en el 2009 tomando como referencia los precios de los bienes y los salarios mínimos del 2008. Desde entonces han aumentado en varios países. En Bangladesh hoy en día el salario mínimo asciende a 38 USD (29 euros, lo que todavía dista mucho del salario digno). En China sucede lo contrario, desde el 2006 el salario mínimo promedio ha aumentado por encima del 10% anual (actualmente el salario mínimo promedio en China asciende aproximadamente a unos 134 euros).

Desde ROBUST reiteramos nuestro discurso, consideramos que el inversor, igual que sucede con el consumidor, tiene capacidad para influir y contribuir para conseguir un crecimiento más justo y sostenible. Actualmente, entre otros criterios que seguimos para invertir de forma socialmente responsable (ISR), evitamos invertir en sectores que utilizan de forma estructural (como la industria textil) mano de obra de países con salarios mínimos legales inferiores a los salarios dignos. Para el resto de empresas miramos que realicen un seguimiento de las condiciones laborales de sus proveedores y que dichas condiciones mejoren año tras año. Para ello, además de analizar las memorias elaboradas por la propia empresa y sus informes de sostenibilidad, en el caso de las marcas textiles, nos basamos también en las bases datos con análisis de empresas y recomendaciones como los realizados por agrupaciones independientes como SETEM y campañas como Ropa Limpia.

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